UIC. Escuela de Filosofía
Ulises
Es un enigma el sentido trascendente del hombre que camina entre el cielo y la tierra que bien pudiéramos preguntar ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Quién lo creó? y así sucesivamente ir formulando preguntas que son históricas y otras revolucionarias pero, sin lugar a duda, el preguntarse sobre la finalidad de su existencia, es de aquellas interrogantes más interesantes que cualquiera se puede hacer y constituye una perpetua invitación a la ratio de los particulares a retomar ese camino medieval filosófico con dirección a la meditatio, ello es, el pensamiento lógico reflexivo. Parece que ello es necesariamente un ejercicio propio del filósofo por cuestionarse así, que da pauta a crearse conflictos existenciales sobre la razón de su ser y hacer, sin embargo, aun cuando el filósofo pretende ahondar más en este planteamiento desde un marco metafísico y casi inescrutable para los demás por su constante devenir en ideas, no deja de ser inspirador el preguntarse sobre cuál es el objetivo de nuestra presencia en este mundo.
Aristóteles(385-322 a.C.), filósofo antiguo posterior al gran Platón que crea en sí una filosofía más realista diferente al idealismo platónico, entre sus varios documentos que hoy se conservan, escribió La Ética Nicomaquea (o Ética para Nicómaco, su hijo),y que plantea que el fin último del hombre es la felicidad como perfecto y sumo bien. Ahora bien, qué es la felicidad, es una actividad en concordancia con la virtud perfecta […] la felicidad es siempre una forma del placer siempre que no se entienda por placer la búsqueda de todas las satisfacciones aparentes (XIRAU, 1981)
La felicidad es, por consiguiente, perfecta en tanto que es una (indivisible), inmutable e imperecedero y no un predicable que se dice de las cosas y las personas. Indivisible porque es Una esto es que no podemos decir que existan grados o cantidades de ella, como por ejemplo algunos los muy felices o pocos felices; de ser así, no sería perfecta y mucho menos una, por que lo que es perfecto no puede ser dividido o existir cosa semejante de él, porque es él es en sí mismo y no puede existir otro. Comparamos en la realidad los niveles en que se puede medir el ser feliz, pero la felicidad es sólo una; así como la bondad es una y existen niveles entre los seres por ser bondadosos, así como la sabiduría es una y existen grados de sabios. Es inmutable en tanto que no puede sufrir cambios, no podemos decir una mayor o menor felicidad o una felicidad buena o mala, porque de suyo es el que sea una sin niveles, sin cambio en su forma, en su esencia, de lo contrario sería imperfecta, sin embargo, sí podemos referirnos de aquellos que son felices, algunos mas que otros y cada quien de forma distinta, pero la felicidad en sí es la misma en todos los casos. Y finalmente es imperecedera, porque aquel que es feliz, aun muriendo él o el motivo de que sea feliz, la felicidad por sí misma continua existiendo, como el cuerpo al alma, y el objeto de la felicidad al hombre.
Ahora bien, al que se busca por sí mismo le llamamos el más perfecto que al que se busca por otra cosa […] Tal parece ser la felicidad, pues elegimos por ella misma y no por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismo, pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos felices.[1]
Es sumo bien porque toda virtud tiene en sí, consigo misma la felicidad que reconoce quien la posee, sea esta la inteligencia, la retórica, el arte, los placeres mismos. Y siendo éste sólo un pequeño fragmento de la obra aristotélica, indudablemente argumenta de manera considerable, que el hombre busca ante todo la felicidad en cuanto hace, piensa, crea, transforma, etc., es decir, toda su vida está encaminada al sumo bien que es la felicidad y en algunos casos de manera inconsciente. En la práctica de las virtudes, su fin último es la felicidad que se alcanza, pero, hay discrepancia entre lo que conocemos (si es que lo conocemos en realidad es eso) como felicidad, eudaimonia, y cómo podemos alcanzarla. Esta búsqueda de la felicidad que un placer verdadero es pues la realización de nuestra esencia propia a diferencia de otros seres, y el placer del hombre es el ejercicio de la razón, pues buscar aquello que no se tiene y se desea, necesariamente la implica y es en este ejercicio, donde la razón se convierte en virtud, porque ella es el más sublime de todos y con ella conocemos, sin embargo, la virtud no puede ser una pasión, puesto que pasión en su origen es aquello que padecemos, que se impone y la virtud no es algo que se imponga sino algo que podemos aprender y desarrollar mediante nuestra actividad racional (XIRAU, 1981).
Ahora bien, si efectivamente todos buscamos la felicidad como tal, por lo que ella misma es en sí misma, las formas de vida y nuestros actos serían un reflejo asintótico[2] de la felicidad misma. Desearíamos las cosas por lo que son, más que por el beneficio momentáneo y temporal. La contemplación de la vida misma y el conocimiento de nuestro continuo caminar enfocado a eudaimonia, haría que el hombre alcanzara la plenitud de su existencia.
La felicidad, por consiguiente, es lo mejor, lo más hermoso y lo más agradable, y estas cosas no están separadas como en la inscripción de Delos: lo más hermoso es lo más justo; lo mejor, la salud; pero lo más agradable es lograr lo que uno ama, sino que todas ellas pertenecen a las actividades mejores; y la mejor de todas éstas decimos que es la felicidad.[3]
Es la obra de Aristóteles no es sólo una obra de develamiento sino de invitación a alcanzar el sumo bien por los medios que fuera necesario y en el pleno uso de la razón, sin embargo, no se puede con ella justificar el acto del hombre que asesina, roba, que es terrorista que es de cuidado para el otro y comete un sinnúmero de cosas negativas por pensar que dentro de su intención se encuentra un bien escondido, que en ello encuentra la felicidad, lo que le satisface. De ser así, todo le sería lícito. No obstante, la inscripción de Delos y el comentario de Aristóteles mencionan que a la felicidad le corresponden todas aquellas actividades que se realizan en el ejercicio de la virtud y la mayor de las virtudes es la razón; la felicidad es el sumo bien, y aquello que se entiende así, es en sí bueno, es decir, si es el sumo bien, no puede ser malo, porque sería imperfecto y mutable, seria algunas veces sumo bien y otras sumo mal, pero la felicidad es una, y en sí misma bien, y con ella todas las virtudes. Si el buen obrar es una práctica de la virtud del bien que existe en el hombre, su contrario sería el mal obrar que lleva al ejercicio de acciones malas. Si aquello que es bueno en sí, tiende al bien, y aquello que es malo en sí, tiende al mal, y si la felicidad es sumo bien, ¿La tendencia del hombre en pleno uso de la razón sería al mal obrar? o ¿Puede acaso el ejercicio de acciones buenas obtener un mal? Sin embargo, existen quienes obran bien para generar un mal, pero su fin no se encontraba en el proceso sino en la finalidad ultima de su obrar, el mal. Mientras que el que cuya finalidad es el bien, y en ello la felicidad, su proceso de suyo es con sumo bien.
¿Pero que nos hace pensar que efectivamente el fin del hombre es ser feliz? Creo que si hacemos un análisis o introspección de nosotros mismos y de todo aquello que nos es grato, caeremos en cuenta que detrás de todo se encuentra la felicidad. Reunirse con los amigos, participar en un concurso, contemplar un atardecer, escribir un diario, entre otros, es sin lugar duda, motivo de satisfacción, de placer y claro, cada una en diversos grados de felicidad.
Si la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud, es razonable
Por tanto, en la búsqueda de la felicidad, el hombre debe ser virtuoso por la práctica de las virtudes que lo conducirán al sumo bien, la mayor como hemos visto es la razón, pero también está el bien, la templanza, la valentía, el amor y cada una de ella participa de la felicidad, de lo contrario, el acto de justicia, de caridad, de bondad, por ser distintos a la felicidad, no harían al hombre feliz.
El ejercicio de las virtudes debe ser pues por convicción más que por intereses, y en su aplicación el hombre descubre el sentido de la Ética, porque ella es en sí misma y por sí misma el buen obrar. Quien actúa bien es dominado por la razón, quien actúa mal es dominado por la pasión, por la vida irracional. La búsqueda de la felicidad aunque es individual, indudablemente en su ejercicio incluye al otro, que da validez a la manera en que uno vive, y que a su vez nos afecta porque su fin como el mío puede ser hacia el bien, o inclusive, hacia el mal.
[1] Aristóteles, Ética Nicomáquea, Biblioteca de los Grandes Pensadores, Barcelona, 2003, Pág. 34.
[2] Al decir reflejo asintótico, debemos entender como asintótico el acercamiento más próximo, extraordinario a la felicidad, mas nunca le felicidad misma. Es decir, no podemos ser la felicidad, dejar nuestra esencia y tomar otra, porque ella, la felicidad, es en sí misma un sumo bien, perfecto y pleno, inmutable.
[3] Ética Nicomáquea, Libro I, Pág. 40
[4] Ética Nicomáquea, Libro X, Pág. 286-287.
Pedagogía de la Esperanza: Un reencuentro con la Pedagogía del Oprimido
Daniel Gil Castillo
Daniel Gil Castillo
Introducción.
La obra pedagogía del oprimido nos llegó a México a finales de los años sesenta, en medio de un México que se estaba levantando por la sangre derramada de muchos que buscaban un cambio en el sistema político y que desde las clases sociales que representan la mayoría, se estaba gestando; por ello, la obra abonó en terreno fértil, germinando en muchos estudiantes, profesores, obreros, religiosos y muchos más que a través de las sugerencias del autor encontraron el sendero pedagógico que los animaba a abrirse camino en un espacio político muy convulsionado.
En esta obra se llega a conocer el sentido profundo de lo que significa “estoy en un silencio activo” [1], “acto de educar y educarse”[2], “teoría y práctica, escuela – comunidad, identidad cultural de los educandos, relación educador – educando, lo que es enseñar, lo que es aprender, lo que son los contenidos programáticos, la relación educación – investigación”[3].
Freire nos hace un recorrido de toda su experiencia de vida como académico exiliado de su país natal, Brasil, y nos muestra la realidad de las grandes transformaciones sociales que vivió el mundo en los años setenta y ochenta, pues recorrió todos los continentes siendo invitado a compartir su experiencia pedagógica y discutir junto con los intelectuales de la educación, los obreros, las amas de casa, los estudiantes, los niños, religiosos, políticos, lo referente a su propuesta planteada en su obra cumbre Pedagogía del oprimido.
No hay pues en la obra que tenemos como referencia un momento de descanso, nos muestra a un Freire activo, discutiendo, platicando, siendo criticado, aplaudido, recibiendo varios doctorados honoris causa, siéndole negada la visa para entrar a algún país y en la mayoría de las veces enseñando basta citar este ejemplo, de lo que el siempre vivió y enseño “ Para quien sabe pueda enseñar a quien no sabe es preciso que quien enseñe sepa que no sabe todo y que quien aprende sepa que no lo ignora todo … Sin este saber dialéctico sobre el saber y sobre la ignorancia es imposible que quien sabe enseña a quien no sabe dentro de una perspectiva democrática y progresista”[4]
A Paulo Freire lo mueve las grandes desigualdades de vida que conoció en su país, donde miles de niños, niñas, mujeres y hombres viven en la pobreza, por no decir en la miseria. Cita de inicio un informe de la UNICEF de aquellos años, y hace un recorrido primero por las condiciones imperantes en su ciudad Recife, que va comparando con la cruda realidad de su pueblo y la contrasta con los discursos neoliberales que hablan de “modernidad”.
La posición asumida y defendida en su obra de Pedagogía del oprimido la realiza en esta que estamos comentando Pedagogía de la esperanza, en defensa del radicalismo crítico, contra los sectarismos, las acomodaciones pragmáticas a los hechos, de los que en su país gobernaban y asumían que las condiciones sociales que imperaban era solo culpa de los pobres.
Esta posición lo llevó al exilio a Chile y desde allí comenzó la defensa de su obra, en donde muchos se identificaron con su propuesta “de la necesidad fundamental que tienen los individuos a asumirse así mismo como individuos y como clase, mientras no se comprometan, mientras no luchen, de negar la verdad que los humilla. Que los humilla precisamente porque introyectan la ideología dominante que los perfila como incompetentes y culpables, autores de sus fracasos cuya razón de ser se encuentra en cambio en la perversidad del sistema”[5].
Convivir y compartir en un sin número de espacios que le fueron abiertos en muchos lugares, pudo llegar a mostrar una pedagogía de carne y hueso, vivida en los barrios, en las cárceles, en las escuelas, en los patios de las casas, en los ranchos, en las universidades, va permitiendo conocer que la práctica educativa en una construcción entre el educador y el educando, que el conocimiento se va construyendo con las dos realidades de la del educador y de la del educando en sus diversas situaciones de vida, muchas veces vivida en las condiciones de opresión, negación de su existencia, miseria, abandono de su país, discriminación, dominación, segregación. Todas estas realidades puestas una frente a la otra para construir juntos una pedagogía que permita y posibilite condiciones que favorezca el respeto por la diferencia y la búsqueda de la justicia y la igualdad.
No hay momentos en que el autor descuide esta posición y en todos los lugares a los que fue invitado siempre fue buscado por los diferentes grupos que trabajaban en pro de un modelo de educación que les permitiera un camino por donde transitar para encontrar mejores condiciones de vida para sus pueblos.
Por ello, lo encontramos comentando en la obra sus experiencias enriquecedoras al entrar en contacto con muchos y de los cuales recibió enseñanza y que nos da a conocer para “partir del saber de experiencia vivida”[6], además de que en la línea progresista enseñar implica que los educandos “penetrando” en cierto sentido el discurso del profesor, se apropien de la significación profundo del contenido de lo que enseñan, es decir el acto de enseñar del profesor(a) va desdoblándose, por parte de los educandos, en el acto de conocer lo enseñado.
Por otro lado, al enseñar re-conocen el objeto ya conocido. Su enseñar es un acto creador, un acto crítico y no mecánico, donde la curiosidad de profesores y estudiantes en acción, se encuentra en la base de enseñar – aprender.
El ideal de hombre y mujer que concibe en su obra es de “hombres y mujeres viviendo histórico, cultural y socialmente existiendo, como seres que hacen su camino y que, al hacerlo, se exponen y se entregan a ese camino que están haciendo y que a la vez los rehace a ellos también”[7]
Este ideal de ser humano hace que la educación hoy tenga que ser repensada a la luz de lo que se está enseñando en los diversos espacios educativos, ver si la educación está respondiendo a las exigencias de vida de todos los sectores de la sociedad y permitirnos en la reflexión situarnos en la realidad de lo que acontece a nuestro alrededor.
Preguntarnos a manera de conclusión ¿Qué es para ti enseñar y qué es aprender? ¿Crees que el papel del profesor es modelar al estudiante conforme a cierto modelo ideal de hombre o de mujer, o por el contrario ayudarlo a crecer y a aprender a ser él mismo?
Si pensamos en las respuestas a estas interrogantes obtendríamos una evaluación del modelo educativo de nuestro país que sin duda es homogenizante, que nunca ha respetado el ser indígena hablante de una lengua originaria o vivir en el medio rural, el favorecer una educación que tome en cuenta los usos y costumbres, además del saber popular y sobre todo que respete las diferencias en todos los ámbitos en que la diferencia se expresa, parece ser que la propuesta de Paulo Freire en nuestro país no hizo mucho eco pues desde que su presencia se dio en nuestro país específicamente en Cuernavaca nos hace pensar que el modelo educativo que se promueve desde la Secretaría de Educación no responde sino al modelo neoliberal.
Esta lectura debe de permitir reconocer la labor de muchos que en su caminar por la educación han planteado un camino pedagógico que si estamos dispuestos a recorrerlo, nos encontraremos con una riqueza que posibilite la discusión sobre el desarrollo y la educación, la educación y la democracia, educación fundamental y universitaria, identidad cultural, lenguaje, ideología, clases sociales, todos ellos abordados magistralmente en esta obra y que sin lugar a dudas podría abrir la necesaria reflexión para allanar el tránsito a el cambio que requiere la educación en México.
La importancia de la conciencia, la importancia del individuo, la importancia de la sociedad son elementos que están presentes impulsados por el gusto de la libertad, por la comunión que nos debemos todos los seres humanos, a los que se les reclama nuestra falta de organización y de sabiduría para enfrentar los momentos de la vida en las que si nos disponemos en lo individual y socialmente habremos de dar un salto en la vida comunitaria.
Es por demás solicitar a todos que se den un tiempo para la lectura de esta interesante obra que les permita reflexionar sobre el quehacer educativo y sobre todo llegar a la conciencia de que la educación esta revestida de seres humanos de carne y hueso que viven un mundo diferente al mío pero no por ello mejor o peor, a la que no tengo derecho a negarlos ni a despreciarlos, si no solo verlos diferentes y en esa diferencia construirnos y re-construirnos para buscar el bien de nuestro pueblo.
Por otro lado, es necesario “conocer” el conocimiento educativo existente, ya producido, conocerlo bien y otro lado aquel que producimos, el conocimiento nuevo que construimos entre todos los que participamos en un espacio escolar, producir el nuevo conocimiento implica investigación, entendida esta como indagación, curiosidad creatividad, en ella se aprende y es papel de la universidad, vivir con seriedad los momentos de este ciclo enseñar – investigar y esta dicotomía debe estar presente en el diario quehacer de la educación sobre todo de tipo superior.
[1] Freire, Paulo. (1993) Pedagogía de la esperanza. Un reencuentro con pedagogía del oprimido. México 1ª. Ed. En Español. Siglo veintiuno editores. p. iii.
[2] Freire, Paulo. Op cit. pp. iv.
[3] Freire, Paulo. Op. Cit. pp 165.
[4] Freire, Paulo. Op. Cit. pp. 180.
[5] Freire, Paulo. Op. Cit. pp 53.
[6] Freire, Paulo. Op. Cit. pp 67
[7] Freire, Paulo. Op. Cit. pp 93.
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